Opinion

La 4T y el mercado de bebidas con alto contenido de azúcar

A poco más de un mes de haber llegado a la Suprema Corte, la ministra Yasmín Esquivel Mossa puso fin a una controversia que llevaba dos años atorada en el máximo tribunal. El amparo en revisión 240/2018 fue un juicio que mantuvo en vilo a la industria refresquera en México, pues se discutía la posibilidad de imponer leyendas de advertencia en el etiquetado frontal de bebidas con alto contenido de azúcar.

En el proyecto de sentencia, la ministra concluyó que “si bien México ocupa los primeros puestos a nivel mundial en sobrepeso y obesidad, no obedece al contenido del etiquetado frontal nutrimental, sino a diversos factores que tienen su origen en el seno familiar; sus costumbres, sus hábitos; sus pasatiempos; de forma tal que la manera de combatir esos problemas corresponde no sólo al Estado, sino a todos sus habitantes”.

De esta forma, por mayoría de tres votos (Yasmín Esquivel, Alberto Pérez-Dayán y Eduardo Medina-Mora) contra dos (José Fernando Franco y Javier Laynez), la Corte rechazó cambiar las reglas establecidas en la Norma Oficial Mexicana NOM-051, relativa al etiquetado frontal de alimentos y bebidas; y si bien todavía existe una remota posibilidad de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos contradiga este criterio, está claro que este round lo ha ganado la industria refresquera.

Sin embargo, el sector de las bebidas azucaradas no ha podido bajar la guardia, pues ya se han anunciado dos nuevos frentes que lo amenazan. Por una parte, el 24 de abril de 2019, José Novelo Baeza, titular de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) declaró ante el Senado de la República que uno de los temas prioritarios de su gestión es proponer cambios al etiquetado frontal para alimentos y bebidas; así también, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, dijo en conferencia de prensa que se está platicando con legisladores para integrar un paquete de impuestos para el 2020 que incluiría un incremento al IEPS que actualmente se aplica a las bebidas con azúcar añadido.

Estas nuevas medidas no extrañan a nadie pues las presiones políticas y económicas que las instituciones públicas de salud enfrentan actualmente, se deben en buena parte a la epidemia de enfermedades relacionadas con la obesidad. Organismos internacionales han reportado que el 16% de los adultos en México sufre de diabetes, aunado a que 72.5% padece algún tipo de sobrepeso, lo que nos coloca en el peor sitio en la lista comparativa de la OCDE, incluso por encima de los Estados Unidos de América.

Existe un debate científico sobre si el aumento en los índices de obesidad de la población se debe esencialmente al consumo de este tipo de alimentos o si existen otros factores, como el sedentarismo, que podrían estar contribuyendo en mayor medida al aumento de peso de los mexicanos. No obstante, la tendencia mundial apunta a que el mercado de bebidas con alto contenido de azúcar enfrentará una oposición cada vez mayor por parte de las autoridades e incluso de los consumidores.

En algunos países de Europa ya se ha implementado un etiquetado denominado “Nutri-score” que pretende ser un semáforo nutricional, el cual califica el valor de los alimentos mediante un código de colores. En Chile y otros países de Latinoamérica también se han adoptado sistemas más agresivos de etiquetado que contienen advertencias cuando un alimento o bebida se considera alta en azúcar, sodio, calorías o grasas.

En materia de impuestos al azúcar, México es visto por otros países como parte de una tendencia mundial. En el Reino Unido, por ejemplo, se introdujo en 2018 un impuesto especial a las bebidas que contuvieran más de ocho gramos de azúcar por cada cien mililitros, esta medida provocó una reacción en varios fabricantes de bebidas azucaradas, quienes prefirieron reformular sus productos antes que soportar el costo adicional o trasladarlo a los consumidores.

Paradójicamente estas tendencias mundiales no implican necesariamente que las mayores transnacionales en la industria de refrescos y otras bebidas disminuirán sus ventas, por el contrario, los refrescos de dieta o con cero azúcares han sorprendido al incrementar su popularidad en los Estados Unidos y es que los “millenials” tienen una clara tendencia a preferir bebidas que perciben como divertidas, pero, a la vez, saludables.

Será interesante observar cómo se abordan estos temas en el gobierno de la llamada “Cuarta Transformación”, el deseo generalizado es que los cambios que se propongan estén basados en evidencias científicas, en particular existe una gran área de oportunidad para replantearse los supuestos en los que debe aplicarse el IEPS o mejorar la norma de etiquetado, habrá que escuchar las voces de todos los miembros de la industria como lo establece la legislación federal.

Oliver Galindo es socio de Servicios Legales de Deloitte México.

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